miércoles, 10 de octubre de 2012

Néctar

Me embriago del dulce néctar que se encuentra entre las dos columnas que definen su cuerpo mientras su mirada se pierde en el infinito del techo celeste que nos contempla. Casi sin percatarme, sus dos columnas se aferran a mi pálida espalda, que se curva al compás de su agitada respiración. Sus cálidas manos acarician mi pelo cuando mis húmedos labios se pierden entre su desnudez.
Y así, en el misterioso silencio que nuestra respiración calla, me percato de que a ella le sobra el valor que la falta a mis noches.

Sus besos se mezclan con mi cuerpo, tan despacio y a la vez tan intenso como el rugir de las olas en la noche...Los muros se levantan desnudos, sus manos se abren paso entre los pliegues de mi piel, encaminándose hacia los lugares más recónditos de mi cuerpo al paso que mi voz entre-cortada se encuentra con su boca, que se dirige a morder lujuriosamente las montañas de mis instintos más salvajes, consiguiendo así que el deseo de mis ojos quiera ver más allá de sus misteriosas gafas de sol...

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